La Base Dulce de 1974: el misterio subterráneo de Nuevo México que nadie ha podido confirmar.
En el corazón de la Reserva Apache Jicarilla, en un pequeño pueblo de Nuevo México llamado Dulce, se esconde una de las leyendas más persistentes de la cultura ufológica moderna: la existencia de una gigantesca instalación subterránea construida —según los relatos— a partir de 1974, donde supuestamente científicos humanos y seres no humanos habrían trabajado juntos en proyectos clasificados.
Durante décadas, investigadores aficionados, presuntos testigos y autores de libros sobre conspiraciones han alimentado esta historia hasta convertirla en una auténtica leyenda moderna. ¿Qué hay de cierto? ¿De dónde surgió el relato? Y sobre todo: ¿por qué sigue fascinando a tanta gente más de cincuenta años después?
En este artículo recorremos el origen de la leyenda, sus niveles «secretos», los testimonios más famosos, el contexto real del pueblo de Dulce y por qué este caso se mantiene como uno de los favoritos dentro del misterio y la cultura popular.
¿Dónde está Dulce y por qué se asocia con una base secreta?
Dulce es una pequeña localidad de apenas unos 2.700 habitantes, ubicada en el condado de Río Arriba, en el norte de Nuevo México, muy cerca del límite con Colorado. Es la sede administrativa de la Nación Apache Jicarilla y está rodeada de un paisaje árido, montañas bajas y mesetas rocosas típicas del suroeste estadounidense.
Justo al norte del pueblo se levanta la Mesa Archuleta, una elevación rocosa de unos 2.700 metros que domina el horizonte. Según la leyenda, bajo esta mesa se extendería una instalación de varios niveles —algunas versiones hablan de hasta siete pisos de profundidad— conectada incluso con otras bases militares mediante túneles subterráneos.
El propio entorno alimenta el misterio: la zona tiene fama de registrar numerosos avistamientos de objetos no identificados, algo que reconocen incluso miembros de la comunidad local, y que ha llevado a que se organicen conferencias anuales sobre el tema en la zona.
El origen del relato: Paul Bennewitz y la conexión con 1974.
La historia de la supuesta base de Dulce está estrechamente ligada a la figura de Paul Bennewitz, un empresario e ingeniero de Albuquerque que, a finales de los años 70 y principios de los 80, comenzó a interceptar señales electromagnéticas cerca de la base aérea de Kirtland, que él interpretó como comunicaciones entre extraterrestres y el gobierno.
Bennewitz desarrolló la teoría de que existía una alianza secreta entre el gobierno estadounidense y seres extraterrestres, y que parte de esa colaboración se llevaba a cabo en instalaciones subterráneas, entre ellas la que estaría bajo la Mesa Archuleta. Según distintas versiones del relato, la construcción o ampliación de esta base se remontaría aproximadamente a 1974, año que desde entonces aparece en casi todas las narraciones sobre el tema como punto de partida de la «fase moderna» de la instalación.
Es importante señalar algo que muchos divulgadores omiten: con el tiempo se reveló que parte de la información que recibió Bennewitz pudo formar parte de una operación de desinformación militar, diseñada para confundirlo y desacreditarlo, ya que sus investigaciones estaban acercándose —sin saberlo— a programas reales de pruebas de aeronaves experimentales que sí eran secretos, pero por motivos completamente distintos a los extraterrestres.
Aun así, la semilla ya estaba plantada, y la leyenda de la base de Dulce comenzó a crecer con vida propia.
El testimonio de Thomas Castello: los siete niveles.
La pieza central de la mitología sobre Dulce es el testimonio de un hombre conocido como Thomas Edwin Castello, quien se presentó a finales de los años 80 como un ex guardia de seguridad que habría trabajado dentro de la instalación.
Según su relato —ampliamente difundido en publicaciones y videos desde entonces— la base tendría siete niveles, cada uno dedicado a funciones distintas:
- Nivel 1: Áreas de seguridad, garajes, mantenimiento y control de acceso, similares a una instalación militar convencional.
- Nivel 2: Laboratorios de investigación geológica y oficinas administrativas.
- Niveles 3 y 4: Zonas de vivienda, alojamientos para personal y, según algunas versiones, alojamientos para «huéspedes» no humanos.
- Nivel 5: El más controvertido de todos. Aquí es donde, según el relato, se llevarían a cabo experimentos genéticos y de hibridación.
- Niveles 6 y 7: Zonas de máxima seguridad, con instalaciones de contención y, supuestamente, naves o tecnología no terrestre.
Castello afirmó haber tomado fotografías dentro de la instalación y haber participado en un enfrentamiento armado entre personal humano y «huéspedes» no humanos, conocido en la mitología del tema como la «Batalla de Dulce», ocurrida supuestamente en 1979.
Ninguna de estas afirmaciones ha sido respaldada por evidencia verificable, y la identidad real de Castello —así como la autenticidad de su testimonio— ha sido cuestionada repetidamente por investigadores independientes.
¿Qué dice la versión oficial?
Desde un punto de vista oficial, no existe ningún documento, registro catastral, imagen satelital o evidencia física que confirme la existencia de una instalación subterránea bajo la Mesa Archuleta. La zona pertenece a tierras de la Nación Apache Jicarilla, una nación soberana dentro de Estados Unidos, y el acceso para personas ajenas a la tribu está restringido por normas propias de la reserva, lo cual —paradójicamente— ha sido interpretado por algunos creyentes como una forma indirecta de «ocultamiento», cuando en realidad responde a la gestión habitual de tierras tribales.
Lo que sí es un hecho documentado es que, en 1967, se llevó a cabo cerca de Dulce el llamado Proyecto Gasbuggy, una prueba nuclear subterránea con fines de extracción de gas natural, parte de un programa más amplio de fracturación mediante explosiones controladas. Este episodio real, ocurrido años antes de 1974, suele mencionarse en algunas versiones del mito como «prueba» de actividad subterránea inusual en la zona, aunque se trata de un proyecto distinto, documentado y sin relación con bases alienígenas.
¿Por qué la leyenda sigue viva?
Varios factores explican la permanencia de esta historia:
- El paisaje ayuda: una mesa imponente, aislada y de difícil acceso es el escenario perfecto para cualquier leyenda.
- El contexto cultural: la zona tiene una larga tradición de relatos sobre fenómenos aéreos inexplicados, algo que coincide con la cercanía de Roswell, otro epicentro clásico de la ufología estadounidense.
- La narrativa encaja con la desconfianza institucional: historias de colaboración secreta entre gobiernos y poderes ocultos suelen resonar en públicos que ya desconfían de las versiones oficiales.
- El turismo y la cultura pop: documentales, pódcast, videojuegos y canales de YouTube han mantenido el tema en circulación constante, e incluso la propia comunidad local ha encontrado en ello un atractivo turístico, con tipis temáticos y conferencias anuales dedicadas al «Dulce Base UFO Conference».
En resumen
La Base de Dulce de 1974 es, ante todo, un excelente ejemplo de cómo se construye una leyenda moderna: un dato real (un pueblo remoto, una mesa imponente, pruebas nucleares de los años 60), un testimonio difícil de verificar (Bennewitz), una narrativa elaborada que le da forma definitiva (Castello) y un entorno cultural que la mantiene viva durante décadas.
No existen pruebas que confirmen la existencia de la instalación tal como se describe, pero la historia sigue siendo uno de los relatos más recordados dentro del imaginario sobre bases secretas y presencia extraterrestre en Estados Unidos.
Este artículo tiene fines informativos y de entretenimiento. Las teorías mencionadas forman parte del folclore conspirativo y no cuentan con evidencia científica que las respalde.
